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Ponencia "Bilinguismo e Identidad", presentada en la IV Jornada de Educacion LUIS ALBERTO AMBROGGIO / TORONTO Soñando no como académico sino como poeta, hubiese preferido recitar exclusivamente este poema chino que traduje del inglés, como una visión romántica de la problemática identitaria y de dualidades: Chuang Tzu soñó que era una mariposa, que goza flotar en la brisa sin preocuparse de quién era. Cuando Chuang Tzu despertó, se encontró confundido: ¿soy el hombre que soñó que era una mariposa? ¿o soy una mariposa, que soñó ser un hombre? ¡Tal vez toda mi vida es simplemente un momento en el sueño de una mariposa! Sin embargo, acaso más dolido, más rebelde, más militante, más adecuado a nuestra realidad de vivir en una cultura dominante anglosajona, la identidad hispanoamericana, me ronda otro poema que escribí originalmente en inglés, traducido luego al español, para ser traducido de nuevo y curiosamente al inglés por una escritora de Columbia University, Lori Carlson, quien le cambió el título por “Aprender ingles”, y que lleva en textos de literatura más de 500,000 copias, 30,000 CDs, 20,000 DVD. En mi versión original, antes de las interesantes mutaciones, se llamaba “COMUNIÓN” Vida para entenderme tienes que saber español sentirlo en la sangre de tu alma. Si hablo otro lenguaje y uso palabras distintas para expresar los mismos sentimientos no sé si de hecho seguiré siendo la misma persona. Este poema me brotó visceralmente mucho antes de conocer la pregunta de mi amigo el poeta cubano Herberto Padilla: “Cómo puede seguir uno viviendo con dos lenguas, dos casas, dos nostalgias, dos tentaciones, dos melancolías”. He aquí los cuestionamientos del lenguaje, bilingüismo, biculturalismo y la identidad, que desarrallaré a partir de mi experiencia familiar de tres generaciones bilingües en los EE.UU. y las investigaciones que he hecho sobre la historia, cultura, literatura y presencia hispana en los EE.UU.. En esta conferencia destacaré la riqueza, los valores, y las dificultades del bilingüismo en relación a la identidad, entendida como identificación (igualdad) y diferenciación, en el contexto del vínculo de integración espacial (individuación), integración temporal (mismidad) e integración social (pertenencia), conforme a la categorización de León Grinberg o a los modelos antropológicos resumidos por Robbins: identidad en equilibro (the identity health model), identidad interactiva (the identity inteaction model) e identidad como cosmovisión (the identity world-view model) . También deberemos tomar en cuenta los conceptos de identidad “impuesta’, “asumida”, “negociable” en las categorizaciones de Pavlenko y Blackledge Cuando me refiero a bilingüismo lo hago sólo en el contexto general y norteamericano del inglés de la mayoría y el español de la creciente minoría hispanoamericana (como categorización política y unficadora más allá de la adjetivación de “latina”). Hablo del español, lenguaje que ha despertado la mayor hostilidad en los EE.UU. tanto por parte de los que no lo hablan como de los que lo hablan, no sólo por su competencia al inglés sino como vehículo de una identidad cultural antagonizada, y por la proclividad a ser desformado con el así llamado “spanglish” y otras sutiles infiltraciones de anglicismo en la gramática, sintaxis, vocabulario y mentalización del español . Hablo del idioma en la confesión de Pablo Neruda “se nos llevaron el oro y nos dejaron el oro”. Y hablo de español (no castellano), por tratarse del lenguaje que aprendimos en la escuela y nos une a los hispanoparlantes, por encima de todos los dialectos, transformaciones regionales, provincialismos, nacionalismos, convivencias linguísticas identitarias (como, por ejemplo, el caso del guaraní y el español en Paraguay), con los matices sociolinguísticos, socioeconómicos, geopolíticos, de este “melting pot” que es la población hispanoparlante en los Estados Unidos y Canada. Lenguaje, bilingüismo e identidad: El lenguaje, como hecho humano, es un fenómeno universal y étnicamente singular, activo y vital, individual y colectivo, que encarna y define una identidad, permite serla y proyectarla de una manera dinánica y en continua adaptación. Es entonces un instrumento de apropiación de una experiencia individual y colectiva heredada y, al mismo tiempo, una forma de descubrimiento, mantenimiento y proyección de esa experiencia en el ámbito social. Un proceso integrador de la identidad que nos hace encontrarnos con nosotros mismos y con los otros de una manera satisfactoria, de cierto gozo, y comprehensiva, en cuanto significa y comunica. El lenguaje como vivencia y expresión identitaria de una cultura, de una cosmovisión, de un sistema de valores, es un sistema e institución social. Coincidamos en que el enfoque linguístico no es el único que nos permite enfocar el tema de la identidad y su problemática. Pero definitivamente nuestro abolengo es un abolengo linguístico. En el caso específico del hispanoamericano es un fenómeno de interacción supranacional, panhispanoamericanismo, con un lenguaje compartido por los americanos de habla española que hemos nacido en un momento universal de España, como decía Octavio Paz , quien añade en Laberintos de la soledad : “No tenemos más remedio que usar de un idioma que ha sufrido ya las experiencias de Góngora y Quevedo, de Cervantes y de San Juan, para expresar a un hombre que no acaba de ser y que no se conoce a sí mismo. Escribir (y podríamos añadir “enseñar”) equivale a deshacer el español y recrearlo para que vuelva a ser (hispanoamericano) mexicano, sin dejar de ser español. Nuestra fidelidad al lenguaje, en suma implica fidelidad a nuestro pueblo y fidelidad a una tradición que no es nuestra totalmente, sino por un acto de violencia intelectual” . Y así nos arraigamos –como escritores, como promotores, como profesores, como herederos y beneficiarios de nuestro lenguaje identitario portador de nuestro imaginario hispanoamericano- en la labor de grandes personalidades como Domingo Faustino Sarmiento, Martí, Rubén Darío, Alfonso Reyes, Pablo Neruda, Octavio Paz y muchos otros, quienes han asumido la tarea de ser expresión –fuente y foco– de una cultura propiamente hispanoamericana, muchas veces a contrapelo de las desarraigadoras y desintegradoras realidades locales, en palabras de Andrés Gallardo . Parafraseando a Mauricio Ostria podríamos decir que el lenguaje y la literatura han sido “en verdad, uno de los instrumentos más eficaces en la creación de esa conciencia unitaria continental. Y es que la creación literaria, al representar uno de los momentos de la reflexividad con que la cultura suficientemente madura se contempla, se constituye en una forma de conocimiento del mundo y reconocimiento de sí en el mundo y, por lo tanto, en una instancia de percepción de la propia identidad cultural” . Por eso los hispanoamericanos en los Estados Unidos, a pesar de hablar en más de un 75% en inglés, al menos en la primera, segunda y hasta tercera generación, nos resistimos a abandonar el español, no sólo como método de comunicación, sino como aferramiento a nuestra identidad, como se ha documentado, entre otras, en la población puertorriqueña. Y esto con todas las implicaciones históricas, sicológicas, sociales, políticas, educativas, acceso a servicios privados y públicos (como salud y otros), positivas y negativas, como veremos a continuación. Si analizamos la definición, historia y filosofía del lenguaje, sabemos con Platón la importancia y dificultad en nombrar con conocimiento (razón) las cosas, reflejos de las ideas (en griego “logos” significa “palabra” y “razón”). En Cratilo y en la cultura sumeria-hebrea, nombrar es poseer lo nombrado (por eso no se lo nombra a Dios). El que nombra es el responsable de las determinaciones de las cosas; es el legislador de lo existente. Al Dios decir, en el Génesis, hace. Y así podríamos seguir con Aristóteles y la importancia política del ser humano como ser social linguístico. Y el entusiasmo de Hobbes en establecer que el lenguage es la invención más útil y humana de los hombres, sufriendo la duda cartesiana y el giro del idealismo kantiano, pasando por el salvajismo de Rousseau, llegando a Hegel que en su “Fenomenología de espíritu”, aborda la significación del lenguaje, afirmando dialécticamente que el lenguaje expresa al yo mismo, invididuo y universalidad, con la conlusión de que por el lenguaje se adquiere presencia y permanencia. Luego vendrán Sauserre con su antinomia de lengua y habla, reformulada por Chomski y otros. Pero baste esta cita de Ulibarri para sintetizar estas complejidades: “En el principio era la palabra. Y la palabra se hizo carne. Así era en el principio y así lo es hoy. El lenguaje, la Palabra, lleva consigo la historia, la cultura, las tradiciones, la vida misma de un pueblo, su carne. Lenguaje es pueblo. No podemos concebir un pueblo sin un lenguaje, y un lenguaje sin un pueblo. Los dos son uno y el mismo. Conocer a uno es conocer al otro" Para documentar la larga y difícil historia del español (lo hispanoamericano) y el inglés (lo anglosajón) en los Estados Unidos, baste recordar que el español en los territorios estadounidenses precede a la nación y al inglés. Llegó a lo que ahora es el estado de Florida en 1513 y paulatinamente se extendió a toda la faja meridional y occidental de los futuros Estados Unidos. Estas tierras incluían tres regiones, La Florida, Luisiana y el Suroeste, en las que el predominio español duró más de trescientos años. Muchos eventos históricos exacerban la coexistencia-competencia-dificultades entre estos dos idiomas y culturas en los Estados Unidos: En 1836-1848 se dan la secesión de Tejas y la guerra Mejicano-estadounidense. En 1849, la incursión anglosajona en California en busca del oro enfrenta como “enemigos” a los hispanoparlantes de la región. En 1898 la guerra Española-estadounidense que origina la “independencia” de Puerto Rico y Cuba de España, pero los fuerza a entrar en la esfera de influencia política estadounidense. En 1910-1920 la Revolución de México que causa la emigración masiva de mejicanos a los EE.UU. El establecimiento en 1912 de Nuevo México como estado. Desde 1918 hasta 1930 el programa de Braceros que trae mejicanos pobres como mano de obra a los EE.UU. La xenofobia de la Segunda Guerra Mundial, contra mejicano-estadounidenses. El flujo de puertorriqueños con la Operación Fomento del año 1948. El comienzo del flujo masivo de cubanos con la Revolución de Cuba en los años 1959-1960, aunque su influencia y literatura ha existido por siglos en Nueva York, Florida y otros estados. La presencia de César Chávez en el movimiento de derechos civiles de los años 60. En los setenta, la llegada de sudamericanos a raiz de las dictaduras y los conflictos socio-políticos en sus paises (Argentina, Chile, Uruguay). La inmigración de centroamericanos (nicaragüenses, salvadoreños) por la razón antes dicha en la década de los 80. También en los noventa, el crecimiento de la población dominicana en los EE.UU. Todos estos eventos que provocaron el crecimiento de la población hispanoamericana en los EE.UU., es causa de grandes posibilidades, pero también resentimientos por parte de la cultura dominante., ya predispuesta tradicional e históricamente contra la identidad, lenguaje y cultura hispánica, como lo marcan las confrontaciones, invasiones, en el Caribe español, centroamérica (Puerto Rico, Cuba, Nicaragua, Panamá), y suramérica (Chile con la destitución de Allende; Argentina en la guerra de las Malvinas), actuando EE.UU. en contra de las naciones hispanoamericanas, a favor de los ingleses, con posturas frecuentemente antagónicas y un espíritu de marginalización y “tokenism” hacia lo hispanoamericano, con confrontaciones culturales, como si fuesen “clash of civilizations” en la frase de Samuel Huntington. Entre los aspectos sicológicos de esta relación entre lenguaje (bilingüismo) e identidad en el contexto hispanoamericano-inglés, quiero destacar lo siguiente: si bien hay una construcción relacional de la identidad, no es una construcción relativista. Los conceptos, las existencias y comportamientos del yo (individuo) y alteridad (el otro, los otros, el tiempo y el espacio, el entorno), se configuran, se confirman y se afirman humanamente en un proceso dinámico de singularidad y diferencia. Una anécdota del album familiar: En 1984, me llama el Director de la escuela elemental Spring Hill que atendía mi hijo Xavier (entonces con 5 años; hoy con un doctorado en Biofísica) porque se habia peleado con otro estudiante. Al interrogarlo, en casa, éste fue el intercambio. “Sí, papá me peleé con otro chico porque me llamó Mejicano y yo le decía que no, que yo era virginiano. Y el insistía en llamarme mejicano. Entonces me enojé y peleé con él y me llevaron a la oficina del Director. Pero, papá que es mejicano?” Parafraseando a Brown , el lenguaje es un modo de vida, está en la raíz misma de nuestro ser, interactuando simultáneamente con nuestros pensamientos y sentimientos, de un modo concreto, específico y diferenciable. Ataques contra el lenguaje nativo de uno (el español, por ejemplo) en situaciones de autoridad (escuela, trabajo), su prohibición, roba, humilla, hiere, desconcierta, crea baja auto-estima; son ataques al ser y modo de vida, a su persona y su etnia. Por otra parte, un consumado individuo bilingüe –los estudios han comprobado- goza de una excelente autoestima. En un contexto extremo cabe notar de que la mayor parte de las víctimas de los crímenes de odio (“hate crimes”) en los EE.UU. son hispanoamericanos, atacándose de una forma violenta la base de la identidad que es estar en paz con uno mismo como individuo y comunidad y, por lo tanto, la propia percepción del individuo, haciéndolo vulnerable en su médula, con una subyugación sicológica, creando sentimientos de sospecha, inseguridad, desconfianza. Este fenómeno no se da en un vacío, sino que está condicionado por la historia, la educación, los prejuicios, la manipulación e ignorancia de la cultura dominante e imperial para mantener su hegemonía, con devastadoras consecuencias sicológicas para los individuos de minorías discriminadas y privadas de su identidad linguística y cultural, como lo ha documentado, entre otros, Lambert en 1987. Las implicaciones sociológicas del trinomio lenguaje, bilingüismo e identidad son numerosas y complejas. El lenguaje, en su función identitaria de individualización, diferenciación y pertenencia, es un mediador de las relaciones sociales (con todas las certezas pero también los conflictos que esto implica), además de intentar expresar el proceso de construcción de identidades en la interacción de los actores que compiten por nombrar y significar la realidad circundante. Valga recordar lo que señaló Dewey que el vocablo “comunicación” tiene la misma raíz etimológica que las palabras “comunidad” y “común”. Ya hablamos de la función relacional del lenguaje en la construcción de la identidad. El concepto mediático del lenguaje como factor determinante de una comunidad, de su imaginario, de su ser y consciencia social, con todos los conflictos y sus resoluciones, a través de compromisos, etiquetas, reglas y normas de comportamiento, efectuando una comunicación efectiva. Carácter dialógico y dinámico entre las experiencias sociales y el lenguaje que influyen en la configuración de la sociedad y su cambio, a través de adaptaciones, innovaciones. Una persona bilingüe, como lo ha demostrado Buckhotz tiene la apertura y habilidad para adaptarse y cambiar códigos, su contenido y registro, según la situación en que se desarrolla socialmente, con la posibilidad de ser positivo con respecto a las identidades en juego, todo con mucha más facilidad que una persona formada en un monolinguismo estricto y cerrado, quien será negativo con respecto a las otras identidades, como ilustraremos más detalladamente en la siguiente sección. Valga otra anécdota del álbum familiar: En un viaje familiar a West Virginia, para esquiar, en la entrada, mientras les doy instrucciones en español a mis hijos (edad 10, 5 y 4 años), un muchacho rubio, alto, de unos 30 años sale y me llama “estúpido”. Inmediatamente lo paro y con mis hijos agarrados a mi pierna, implorándome “ papi no hagas un escándalo”, lo detengo con un “excuse me, sir”… Ud. Me llamó estúpido y quiero saber en qué basa su evaluación. Lo invito a comparar títulos universitarios, etc. a lo que simplemente me dice “hable en inglés”, cuando le aclaro que hablo en español por elección y para que mis hijos hereden una riqueza cultural, de cosmovisión, etc. que él ni siquiera puede imaginar. De hecho le pregunto si alguna vez ha salido de West Virginia. Yo le aclaro que mis hijos con el español, además del inglés que es su idioma nativo, podrán entender portugués, italiano, latín y facilitárseles el aprendizaje del francés y otros idiomas, se queda sin argumento, aunque repite “habla inglés”. Mis hijos, desde entonces, viven con orgullo la riqueza de su lenguaje/cultura hispana… Dentro de nuestra discusión, vale la pena resaltar algunos temas en el contexto político del lenguaje, bilingüismo e identidad. Para encuadrar el debate, veamos un poema de hace casi dos siglos del poeta de Nuevo México Jesús María Alarid quien expresó en el mismo (en 1889) un tema que se repetirá constantemente en esta lucha entre las culturas representadas por el lenguaje: Hermoso idioma español ¿que te quieren prohibir? Yo creo que no hay razón Que tú dejes de existir. Nos referiremos luego a la controversia entre la aceptación del bilingualismo como realidad política y la educación bilingüe y los movimientos de “Inglés solamente” en una devoción monolíngüistica etnocéntrica que quiere abolir otros lenguajes nacionales. Como punto de interés se ha destacado que se utilizó la policía para poner en vigencia los programas de monolinguismo (“English only’) prohibiendo el bilingüismo y la educación bilingüe; no teniéndose necesidad de la misma en el caso de que se adoptase una política de bilingüismo y educación bilingüe. El lenguaje no es sólo un instrumento identitario, de definición del invididuo y vehículo de interacción e intercomunicación en la sociedad, sino también, desde el principio, una importante herramienta de la administración del estado, de control y transmisión de ideologías semióticas, de configuración de la identidad nacional. Instrumento de poder e influencia, por cuanto el que nombra determina las cosas, discrimina su jerarquía y valor, legisla su simbología y significado, escribe la historia que, como ha dicho Hannah Arendth, no busca la verdad necesariamente sino fijar un sentido al pasado, para explicar y motivar el presente y futuro en la cohesión del grupo involucrado. Pablo Freire, el pedagogo brasileño con quien tuve el gusto de compartir una mesa de discusiones en el año setenta, nos ha hecho reflexionar sobre la política de la educación, conscientizándonos como a través del lenguaje se puede construir una nueva sociedad para luchar contra la injusticia social sistémica que se inculca también por el contenido del lenguaje .En nuestro contexto geopolítico, el “monolinguismo” o “linguicismo” de la postura de “English only” es como todos los “ismos” negativos (racismo, clasicismo) un sistema estructural ideológico usado para legitimar, efectivizar y reproducir una división no equitativa del poder, definido a base del lenguaje, que se utiliza entonces para “imponer” una identidad y la discriminación entre “alto” (high) y “bajo” (low): “Spanish, the language of the gheto” (en la expresión ignorante y racista de Newt Gringricht, el poderoso político estadounidernse) y sus coláteres en la promoción de un homogeneismo xenofófico, especialmente contra lo hispano. En este contexto, el control de los medios de comunicación, juega un papel importante. La presencia de los medios de comunicación hispana en los EE.UU. y Canadá (TV, Radios, Periódicos, Revistas), que resienten individuos como el antes mencionado Newt Gringrich, es una afirmación política que hace al mentenimiento de la identidad cultural, con expresiones de sonidos, imágenes, movimientos, música que expanden sensorialmente el lenguaje, aunque su responsabilidad en el área del cuidado del lenguaje a veces sufra. Mi amigo y colega de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, Emilio Labrada, continuamente escribe sobre los “horrores” anglicistas que a diario cometen. Ya con sarcasmo había dejado constancia de las dificulades de la coexistencia entre los dos lenguajes, un poeta de siglo XIX que publicaba en California bajo un seudónimo-inicial V. Dice su poema: Conocí aquí en California Una paisana muy bella Con diociocho primaveras. Mas como estaba educada En la Americana escuela, Inglesaba algunas frases Que olían a gringo a la legua. Con frecuencia se le oía Llamar al cesto basqueta, Cuenta las cuadras por bloques, A un cerco decirle fensa Al café llamarlo cofe A los mercados marqueta Al bodegón grosería Esto nos lleva a unas reflexiones, siquiera someras, sobre el papel de la educación, de las instituciones educativas en el campo del lenguaje, el bilingüismo y la formación de la identidad (en un proceso de desarrollo personal, socialización, aculturación: identidad heredada, identidad asumida e identidad negociada). El énfasis en el bilingüismo en los ámbitos educativos implica profesionales comprometidos con una metodología de apertura, decolonizadora (en el trabajo de Smith ), con la valentía y dedicación humilde y liberadora, en palabras de Pablo Freire para superar las fuerzas de opresión e imperialismo identitario y cultural. Las investigaciones sociolinguísticas y estudios de comunicación en las escuelas han demonstrado que la capacidad cognoscitiva de los estudiantes se beneficia críticamente cuando se utiliza el rango completo de sus talentos de lenguaje y comunicación . La educación bilingüe, la educación en un bilingüismo, como Jim Cummings explica no es, como se ha querido argumentar, un “plot” de los activistas hispanos, sino una serie de medidas que se implementan en distintos países del mundo para proveer oportunidades efectivas de aprender tanto para los del lenguaje minoritario como para los del lenguaje mayoritario , añadimos no sólo en términos de la adquisición de un lenguaje adicional –a lo que la escuela puede contribuir de una forma modesta- conceptos o palabras, sino de actitudes, cosmovisión, responsabilidad como miembros de una comunidad global diversa. Para concluir, como dicen los teóricos (Cummins , Hammers & Blanc ), hay que escaparse del modelo educativo dominante “orientado a la transmisión” del conocimiento sobre un lenguaje, a un modelo que da poder a los estudiantes haciéndolos valorar sus talentos lingüísticos y culturales con la activa partipación de la comunidad, para obtener de un modo significativo un mayor desarrollo linguístico y cultural, solidificando la convivencia democrática con la riqueza de la diversidad.
Bilingüismo e identidad en Norteamérica: ¿hacia dónde nos dirigimos?
El vigor del español con las variaciones de las diferentes regiones, países, fuentes culturales, flujos inmigratorios, han contribuido al crecimiento y expansión del español en los Estados Unidos, como factor identitario y de cambio social para las comunidades y la nación. Si bien, como Suzanne Romaine dice en su libro Bilingualism “en el nivel semántico, una persona bilingüe puede expresar el significado mejor en un lenguaje que en el otro, especialmente con respecto a ciertos tópicos o en ciertos contextos” (p.13), sin embargo siempre el bilingüismo es un “recurso a ser cultivado y no un problema a resolver” (p. 7). Estudios culturales y de teoría crítica han acentuado la importancia del bilingüismo en la construcción positiva, con autoestima, de la identidad a través de los lenguajes, la raza, el género y la clase social. En nuestro contexto y realidad, personal y profesional, felizmente hablamos (enseñamos) dos lenguajes que nos permiten funcionar y cultivar mejores relaciones, como individuos, en el conjunto familiar y en el conjunto social, en el plano nacional y en el supranacional. A pesar de los enemigos del bilingüismo y de la educación bilingüe, un bilingüismo logrado contribuye a mejores logros individuales, conclusiones del mismo US General Accounting Office en un estudio independiente en 1887 que contradicen al Secretario de educación William Bennett y sus esfuerzos por imponer la solución de sumergirse solamente en el inglés para progresar. Es cuestión de sumar, no de restar en esta vida. Desafíos y luchas nos acompañan y nos esperan en nuestros esfuerzos por defender nuestra identidad linguística y cultural hispanoamericana en un espíritu de bilingüismo. Frentes a guardias armados para defender la imposición del inglés como único idioma y expresión cultural, iremos con ministros religiosos, oraremos, pero no dejaremos de luchar por lo que estimamos justo y necesario para nuestro país. Ya hemos hablado de los numerosos conflictos históricos, culturales entre los EE.UU. y el mundo hispano-americano. Sabemos que legalmente las cortes se han alineado por lo general con los enemigos del bilingüismo (sobre todo en los lugares de trabajo) descartando la defensa de que el lenguaje está intrínsecamente ligado al origen e identidad, y dictaminando que el uso de un lenguaje diferente al inglés va en detrimento de la moral del monolingüismo de los que hablan sólo inglés y que sólo se debe mantener un lenguaje (el inglés) para asegurar harmonía y una gerencia adecuada en el lugar del trabajo. El monolingüismo, la ideología standard, la homogeneidad, es la norma en este contexto, la diversidad linguística (y cultural) es la desviación. Hay que soñar en inglés y la población anglosajona se aferra más al inglés en reacción a lo que perciben como una amenaza linguística y cultural de lo hispanoamericano. Sus esfuerzos por prohibir el español en escuelas, lugares de trabajo, servicios públicos, han tenido éxitos parciales, pero también han sido declarados no cosntitucionales en ciertos estados que se han esforzado en legislarlo. Además toda esta postura se esgrime a partir de la promulgación de mitos y caracterizaciones de la “falta” de los “valores” americanos (entiéndanse anglosajones) por parte de los que hablan otros lenguajes. Samuel Huntington en su antes citado artículo advierte preocupado que a no ser que los hispanos empiecen a hablar inglés, América (esto es EE.UU.) va a sufrir una erosión de sus valores –el derecho individual, la ley del derecho, ética de trabajo, la habilidad y deber de crear un mundo mejor todo dentro de los cánones de un protestantismo anglosajón. Esto, en la prejuiciada teoría del extremo, sería reemplazado por “tendencias hispanas” descriptas como falta de ambición y confianza, falta de ética de trabajo y deseo de educación, desconfianza al mundo fuera del circuito familiar, aceptación de la pobreza como modo de vida basado en la división tierra(sufrimiento)-cielo(premio) de la enseñanza de la religión católica. Nótese que los “valores” del monolingüismo/ monoculturalismo inglés están alistados de una forma positiva mientras que las tendencias de los otros están verbalizadas negativamente “falta de…”, alimentándose los mitos de que los que usan otros lenguajes (especialmente los hispanos) son insubordinados, maleducados, crean líos, tienen malos hábitos, son violentos, vulgares. Quiero ser optimista y pensar que son simplemente la “última patada del cisne”. Me complace comprobar que estos privilegios de los monolinguistas anglos están siendo revisados e incluso revertidos por las legislaturas, cortes, arreglos extrajudiciales. Más y más se está entendiendo y promulgando la necesidad de aprender el español en los Estados Unidos. Hasta el punto que el mismo ex-presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, confesara su esperanza de ser el último presidente de los Estados Unidos que no hable español. En fin, la aceptación de la injusticia y de que el homogeneismo no beneficia al país ni es necesariamente fiel a sus ideales de democracia, aceptación de la riqueza de la diversidad, yendo más allá de la tolerancia a un aprecio mutuo de culturas y lenguajes. Frente a este panorama, pienso que nuestras responsabilidades, como educadores, escritores, depositarios y promotores del lenguaje/cultura hispánica en un contexto bilingüe, bicultural son, como lo dije en el discurso de Toronto, con motivo de la Celebración de XV Festival de la Palabra y de la Imagen 2007, Huellas Latino-canadienses, invitado por el CCIE (Celebración Cultural del Idioma Español) : (1) expresar, de una forma comprometida, a veces rebelde, siempre con nostalgia, para vencer el olvido, para darle vida a la memoria, con la insuficiencia de las palabras, el corazón de nuestro pueblo que es la América hispana, hispano-parlante que vive en los Estados Unidos y Canadá; (2) contribuir con orgullo al rescate de nuestra historia, nuestra cultura, nuestro arte, nuestro teatro, nuestra música, nuestro lenguaje, dentro de una cultura dominante, que –para su propio detrimento y pobreza- a veces tiende a ignorarla, a veces menospreciarla (contrario a lo le aconsejó en 1787 el sabio y visionario Thomas Jefferson a su sobrino: “La lengua española. Préstale mucha atención y procura conocerla en detalle. A causa de nuestras relaciones venideras con España y la América hispánica esa lengua llegará a ser una adquisición de mucho provecho. La historia de gran parte de América se ha escrito en ese idioma. Te envío un diccionario”) y otras veces directamente a repudiarla (como en los lamentables casos xenofóbicos del ex-representante y candidato presidencial de los EE.UU. Newt Gingrish al decir “Spanish, language of the ghetto” y de Samuel Huntington cuando habla de “la amenaza hispana al sueño americano”, que merecen no sólo nuestra reacción y repudio, sino el de toda la comunidad civilizada y pensante); (3) darla a conocer al mundo, su existencia histórica y vibrante, enseñarla con dedicación, cuidado, orgullo y pasión (el lenguaje es expresión de pasiones), respeto, en las clases conscientes de que contribuimos a formar mejores ciudadanos, al enriquecimiento de su acerbo cultural e identitario, a la configuración de una sociedad abierta y adaptada a los requisitos de un mundo integrado en paz y desarrollo. (4) celebrarla y cultivarla: a esta historia, estas expresiones culturales y artísticas, esta rica y creciente vida hispánica en Norte América, como lo están haciendo Uds. con estas Jornadas; (5) buscar vínculos y unión para estrechar contactos, aunar esfuerzos, agrandar nuestra presencia y expresión, para que nuestra voz sea cada vez más oída, apreciada. Nuestro futuro es prometedor, sin dejar de ser un constante desafío, frente a los intereses opuestos. Las ventajas comprobadas del bilingüismo en la formación de una personalidad (identidad individual y social) más sensible, humana, abierta, multidimensional, con recursos añadidos, liberada de etnocentrismo, amplitud en nuestra cosmovisión, con autoestima y aprecio de otras culturas, capacidad cognoscitiva y facilidad para aprendizaje de otras lenguas, es innegable. Incluso en términos de competencia en el plano global económico y commercial.
Al finalizar su Maestría en Administración de empresas, mi hijo mayor, basado en aquella experiencia de la infancia que conté al ir a esquiar a West Virgina y en el poema “Comunión”, fue premiado por su Universidad, Virginia Tech por su ensayo sobre la “Importancia del bi-lingüismo/bi-culturalismo en Mercadeo Internacional para el empresario estadounidense”. Evento significativo desde un punto de vista doble: el que un empresario estadounidense se sintiese orgulloso de su bi-lingüismo/bi-culturalismo y lo expusiese como una receta de futuro y que Virginia Tech, una Universidad, incrustrada en el Sur de Virginia y la tecnología, lo reconociese y premiase. El vigor del español en los Estados Unidos, incluso en su hibridad bilingüe es manifiesto. Los hispánicos se sienten más y más orgullosos de su lengua y su cultura, están recuperando su historia; los anglos están aprendiendo el español en cantidades más numerosas, a pesar de las campañas en contra como los movimientos de solo Inglés (“English only”), Inglés como único idioma official, la idea de borrarlo o arruinarlo. El Alburqueque Sunday Journal publicó en Julio del 2000 un artículo especial bajo el título “ “Hip to Hispanic- MANY LATINOS SAY THE REST OF THE NATION IS JUST CATCHING UP TO WHAT THEY ALWAYS KNOW: THEIR CULTURE IS COOL”. Como les digo a mis amigos, frente al artículo provocativo y racista de Samuel Huntington, no hay remedio: más vale que se vayan acostumbrando a la realidad histórica y sociopolítica de la presencia hispana (historia, lenguaje y cultura) cada vez más significativa en Estados Unidos, por su crecimiento demográfico debido a nacimientos (49% del total en el 2006) e inmigración, configurando una pobleación estimada en 45 a 50 millones, la tercera nación hispanoparlante del mundo. Entonces les insisto que vayan aceptando y aprendiendo el español vital como uno de los idiomas nacionales de los EE.UU. que sobrevivirá con sus idiosincracias linguísticas las campañas para borrarlo (“erasure strategy”), inmune a la conquista del idioma dominante, aunque no a las impurezas de una convivencia sociolinguística. . El bilingüismo otorga una apertura y libertad de elección, como dice el Prof. David de los Reyes, en “en los usos y beneficios que nos ofrece la increíble pero real galaxia mcluhiana del universo mediático contemporáneo. Nos queda decir lo que dijo Pitágoras: el silencio es la primera piedra del templo de la filosofía. Pero el silencio que permite transitar entre los corredores individuales de la mente gracias al lenguaje que despierta mundos e imprime la más humana de las emociones: el asombro” . Además el bilingüismo logrado nos permite transitar desde el “siempre extranjero” (forever foreigner) al “siempre ciudadano” (forever citizen)de un mundo ideal en el que el “nosotros” y “ellos”, como estructura de distanciamiento, se va eliminando, basados en nuestra experiencia compleja y en la que las categorizaciones que nos dividen y singularizan se va integrando (hombre, mujer, hispano, anglo, blanco, negro, oriental, ocidental, etc.). Como lo soñó místicamente aquel monje del s.XII, Hugo de San Victor, citado por Edward W. Said en Culture and Imperialism: “Es, por lo tanto, una fuente de gran virtud para la mente práctica el aprender, poco a poco, primero a cambiar en las cosas visibles y transitorias, de manera que luego puedan ser dejadas atrás en su totalidad. La persona que encuentra a su tierra natal como dulce es simplemente un principiante tierno, mientras que aquel para el que toda tierra es como su tierra nativa ya es fuerte; pero es perfecto aquel para quien todo el mundo es un lugar extranjero” (o acaso, podríamos actualizarlo, diciendo que es su “tierra madre”, con una diversidad como factor de riqueza –no de pobreza- en el ecosistema que compartimos). Las consecuencias positivas del bilingüismo adoptado en Canadá como identitario nacional, construcción cívica de la nación y oportunidades de sus ciudadanos (como lo documentó Stacy Churchil en su estudio “Language education, Canadian civic identity and the identities of canadians” ) nos debe servir como un ejemplo importante y edificador a tener en cuenta, en países con realidades semejantes pero que se aferran etnocéntricamente a un idioma, al inglés, como ciertos sectores de los EE.UU. A pesar que he descripto al estadounidense (anlgosajón) como devoto monolingüista, nos debemos preparar para la realidad de una nación post-monolingüista. No existen conclusiones. Cada uno las saca conforme a lo que siente, a lo que vive, a lo que se aplica a sus circunstancias individuales y comunitarias, sus experiencias y convicciones, sus luchas y responsabilidades, sus logros y contribuciones. Para mí, además de la militancia por rescatar nuestra historia, nuestro lenguaje, expresar con el mismo el orgullo de nuestra existencia y contribución al país que conformamos, el bilingüismo y biculturalismo ha sido tremendamente positivo en mi vida, en mi experiencia profesional y profesional, validando personalmente las conclusiones del estudio de Holm & Holm (1990) citado por Jon Reyner en su artículo “Bilingual Education for Healthy Students, Healthy Communities” ; Lo mismo puedo decir de mis hijos, cuyo idioma nativo es el inglés. Y ahora sólo juego con mis nietos, cinco de ellos, con edades de uno a casi seis años –que me llaman abuelo- a que utilicen el español. Por lo tanto, únicamente los puedo dejar, en el sendero que cada uno de Uds. recorra, con el poema de Antonio Machado, profesor de francés, hecho cuento, hecho canto, hecho cuento y que hoy nuevamente se hace canción en nuestras bocas:
Todo pasa y todo queda pero lo nuestro es pasar pasar haciendo camino, camino al andar … caminante no hay camino se hace camino al andar. © 2007 LUIS ALBERTO AMBROGGIO
¬¬¬¬¬¬¬¬__________________________________________________ *LUIS ALBERTO AMBROGGIO (Argentina 1945). Miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y de PEN. Ganador de la Convocatoria de la TVE sobre poemas de la soledad en 2004, otros premios y reconocimientos, Ambroggio es miembro de SIADE, Academy of American Poets y Prometeo. Nueve poemarios publicados hasta la fecha contienen su poesía que abarca casi medio siglo de creación: Poemas de amor y vida (1987), Hombre del aire (1992), Oda ensimismada (1992), Poemas desterrados (1995), Los habitantes del poeta” (1997), Por si amanece: cantos de Guerra (1997), El testigo se desnuda (2002), Laberintos de Humo (2005), Los tres esposos de la noche (2005). Traducidos al inglés, francés, portugués, italiano, turco y rumano, sus poemas forman parte de Antologías en la red, Europa, Oriente Medio, América Latina y los EE.UU. (entre ellas, Antología de la Nueva Poesía Hispanoamericana, Muestra del siglo XXI, Tigertail Annual Florida Southwest Anthology, Prometeo, Tejedores de Palabras, Poetic Voices Without Borders, Argentina en verso, DC Poets Against the War, Red Hot Salsa y Cool Salsa descripta por Publishers Weekly como picante como jalapeños y suave como jazz que sirve “inglés con salsa”), de numerosas revistas (Linden Lane Magazine, Hispanic Culture Review, International Poetry Review, Beltway Poetry, Alba de América, Scholastic, La Pájara Pinta, La Urpila, O Boemio), suplementos culturales (El Universal de Caracas, La Prensa y El Nuevo Diario de Nicaragua , Diario Colatino, La Gaceta Iberoamericana, La Gaceta de Tucumán) y en textos de Literatura como Pasajes, Bridges to Literature, Breaking down barriers. Ha participado invitado por Insituciones oficiales y Privadas en Congresos, Festivales, Encuentros en Europa, el Oriente Medio, Centroamérica, América del Sur, México, Estados Unidos y Canadá. Crítico de Teatro y ensayista, con artículos en libros y periódicos como El Universal de Venezuela, The Chicago Tribune, La Gaceta Iberoamericana, Los Hispanos en los Estados Unidos, Conscientization for Liberation. Su obra ha sido seleccionada para los Archivos de Literatura Hispano-Americana de la Biblioteca del Congreso de los EE.UU.
(Ponencia presentada en la IV Jornada de Educacion “Bilinguismo e identidad”, realizada el 9 de febrero de 2009 en Toronto) |